Por: Victor Echeverría, Gerente de Diseño de Exposiciones
Después de cinco años desde el inicio de mis renovaciones, me detengo a ver todo lo vivido en este tiempo. Desde casas y pantallas, equipos de curaduría e investigación imaginaron cómo renovar mis salas y actualizar la forma en que contamos la historia de Panamá y su Canal. Mientras el mundo se detenía, se diseñaban los primeros planos y las conversaciones virtuales dieron paso a nuevas formas de experimentar la historia.
Vi cómo se transformaban mis espacios. Vi como mis salas se vaciaban, como eran estudiadas, rediseñadas y reconstruidas. Escuché el sonido constante del trabajo, el ruido de herramientas, la resonancia de mis nuevas paredes, el murmullo del intercambio de ideas en interminables reuniones, las voces familiares que regresaban y las risas que llenaban el aire tras largos meses de distancia. Cada alboroto formaba parte de algo más grande por venir.
He visto el compromiso de equipos que atendieron con dedicación y cuidado cada rincón. Curadores, diseñadores, museógrafos, arqueólogos, conservadores, ebanistas e investigadores recorrieron mis espacios una y otra vez, midiendo, discutiendo, resolviendo desafíos, y soñando nuevas formas de contar la historia. Cada proyecto, cada plano y cada montaje fue un acto de compromiso con la memoria, y colaboración son parte esencial de mi historia de renovación.
Mis paredes también fueron testigos de cómo una idea se convirtió en proyecto, y de cómo el Canal atravesó etapas llenas de desafíos técnicos, humanos y ambientales. Vi pasar diferentes administraciones y generaciones de trabajadores; vi abrir una ruta que transformó la navegación y el comercio mundial. La historia de la construcción del Canal de Panamá se reveló ante mí como una epopeya de ingenio, esfuerzo y perseverancia humana, una empresa que cambiaría para siempre el destino de este istmo y del mundo entero.
La exposición “Construyendo el Canal de Panamá” reúne múltiples dimensiones de aquella empresa monumental: la administración, los trabajadores, la construcción, y la salud. Sus imágenes, piezas y nuevos recursos tecnológicos invitan a conocer el Canal no solo como una hazaña de la ingeniería, sino como una historia profundamente humana.
Después de cinco años de renovación, veo cómo esta esta sala completa un ciclo que reafirma al Museo del Canal como un espacio vivo, capaz de mirar el pasado con nuevos ojos y de inspirar a quienes construirán su futuro.
Atentamente,
El edificio del Museo del Canal.