Por: Paola Buchahín. Encargada de Programa Público, Gerencia de Relaciones con la Comunidad
Durante cuatro días, el Museo del Canal abrió algo que pocas veces se muestra al público: sus procesos internos, quienes son los que hacen posible todo lo que se hace en el museo. No para una visita guiada tradicional, sino para que un grupo de niños se convirtiera en protagonista del trabajo museístico real. Así nació Veranito: Tras Bambalinas, un programa educativo que invitó a niños de 8 a 12 años a crear, desde cero, una vitrina museográfica abierta al público.
El proyecto partió de una idea clara: enseñar qué es el patrimonio no solo desde la teoría, sino desde la experiencia. A lo largo del veranito, los participantes vivieron cada una de las etapas que atraviesa una pieza dentro de un museo: registro, investigación, conservación, curaduría, diseño, montaje y comunicación. Todo con el acompañamiento de colaboradores de distintas gerencias del museo, quienes adaptaron sus procesos y lenguajes para compartirlos con los niños.
Uno de los elementos más significativos del programa fue el uso de objetos personales traídos por los propios niños. Juguetes u objetos con valor emocional fueron tratados como piezas patrimoniales: se registraron, fotografiaron, embalaron y estudiaron, permitiendo que los participantes entendieran que el patrimonio no es solo lo antiguo o lo lejano, sino aquello que tiene significado, valor y cuidado. Estos objetos convivieron en la vitrina final junto a réplicas de piezas del museo, creando un diálogo entre lo personal y lo histórico.
El programa se estructuró en cuatro días temáticos. En Guardianes del Patrimonio, los niños conocieron qué hace un museo y recorrieron sus gerencias y oficinas. En Detectives de Objetos, investigaron,
clasificaron y aprendieron a darle contexto y significado a las piezas. En Diseñadores de Exhibiciones, exploraron cómo el espacio, la luz y la disposición cuentan historias. Finalmente, en ¡Se Abre la Exposición!, presentaron al público una vitrina real creada por ellos, celebrando todo el proceso vivido.
El cierre del veranito fue una inauguración oficial, con la presencia de familias, personal del museo y medios de comunicación. Los niños guiaron el recorrido, compartieron su experiencia y se reconocieron como creadores culturales. Más que una actividad de cierre, fue un acto simbólico que reafirmó su rol activo dentro del museo.
Veranito: Tras Bambalinas no solo dejó una vitrina en exhibición durante varios meses; dejó una experiencia transformadora. Para los niños, significó descubrir que sus ideas importan y que los museos también les pertenecen. Para el museo, marcó un precedente como un modelo educativo innovador, replicable y profundamente humano, que fortalece el vínculo entre la institución, las familias y la comunidad.
Este proyecto demuestra que cuando se confía en las infancias y se les invita a crear, el patrimonio se vuelve vivo, cercano y compartido.